martes, 9 de noviembre de 2010

VÍCTOR HUMAREDA LA CIUDAD Y LOS COLORES - LA LUNA DE PIERROT Nº1


En Humareda está el pintor expresionista que surge de la nada, según él contaba, al observar los mágicos colores de una puesta de sol, a través de un arco de fútbol. Puneño, nacido en 1920, fugó de su hogar a los 19 motivado por las ansias de plasmar su arte.


Ya en Lima (que haría suya a su antojo) estudia en la Escuela Nacional de Bellas Artes donde en los primeros años recibe la influencia de Sabogal y Julia Codesido, con la tendencia indigenista y, luego, de Suárez Vértiz y Grau recibe la influencia de una pintura más moderna, cosmopolita, afrancesada. En Argentina estudia en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova donde el maestro Alfredo Guido le dice que “tiene un gran talento metido en un tacho de basura”. Visita París por un corto tiempo y regresa a Perú donde comienza a pintar retratos para ganarse la vida.

Luego pinta la ciudad como un lugar del cual se es parte, traspasando las apariencias -de esta manera inicia la que es quizá una de sus etapas más ricas en su legado, la de comprender y rescatar esta Lima que nos rodea y nos desborda-, además de las consideradas fantasiosas como sus cuadros de la muerte, monjes, beatas, payasos, duendes -visiones que no son otra cosa más que el mundo que lo circunda- corridas de toros, peleas de gallo, procesiones, el cerro San Cosme, etc. En todos ellos resalta, no la decadencia del lugar, sino el inicio de una nueva belleza más profunda, más humana y acorde con nuestra realidad. Humareda no sigue directamente a ninguno de sus maestros en Bellas Artes, y tampoco se interesó por la modernidad abstracta de moda en su juventud. Más bien siguió a través de los libros las enseñanzas de Van Gogh, Tolouse-Lautrec, Delacroix, Goya, Rembrandt, entre otros, para nutrirse y plasmar sus colores del día a día. Se creó un lugar propio en su excentricidad, su obra es auténtica y sincera.

Era una persona melancólica, triste, solitaria, y esto se manifiesta en su primer periodo, dominado por la oscuridad y la fuerte presencia de los grises, quizá tomados del gris de la ciudad que lo cobijaba y que se había convertido en su musa.

En otra etapa su obra se compone por trazos firmes y de mucho color, que expresan claramente su vida urbana, la vida urbana en la que él y todos en la ciudad nos movemos, siendo además una de sus figuras recurrentes el Arlequín, como imagen de la desdicha de la condición humana. Humareda pintaba en la misma habitación en la que dormía, en el mítico Hotel Lima, en la Parada, donde vivió-pintó hasta morir.

Su espacio de vida era su espacio para el sueño, pero ello desembocó también en su espacio para la muerte. Producto de la convivencia diaria y nocturna con sus pinturas, el cáncer de laringe lo fulminó hasta hacer de él un barril de pintura derramado en alguna acera de la ciudad.



POR:
MIRYAM TASSARA GARRIDO. (Chincha, 1963)
Docente especializada en Educacion Artística y Desarrollo Humano. Es Magister por la USIL. Realiza trabajos especialmente en los campos de la pintura, técnicas mixtas, y la música, a través de la guitarra.
http://issuu.com/lalunadepierrot/docs/lp1
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