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martes, 26 de abril de 2011

Arguedas, el arte y el arte popular

Entre el 17 de enero y el 27 de febrero, en la Galería Pancho Fierro de la Municipalidad de Lima se realizó la muestra Arguedas Hoy. El título me alegró inmediatamente porque alude a la actualidad de José María Arguedas. Y en un país tan jerarquizado, racista, discriminador y lleno de discursos irreflexivos y reduccionistas como el Perú, es esperanzador que en lugar de una muestra de documentos o un ciclo de conferencias para repetir lo mil veces dicho sobre el autor, se plantee el desafío de repensar y actualizar a Arguedas a través del arte contemporáneo. Me pareció fenomenal. Pero la triste sorpresa llegó casi inmediatamente, al leer en el sitio web creado para la ocasión que la exposición:

"se puede definir como un diálogo entre artífices populares y artistas plásticos jóvenes en torno a la visión de José María Arguedas, sobre un Perú pluricultural en donde todas las manifestaciones culturales conviven en un diálogo compartido".

¿Artífices populares y artistas plásticos jóvenes?

La triste dicotomía artífice popular/artista plástico me hizo recordar inmediatamente a Joaquín López Antay y el escándalo que se produjo cuando recibió el Premio Nacional de Cultura en 1975, que seguramente habría alegrado mucho a Arguedas, pero que, en manos de María Elena Alvarado, Víctor Vich y Carlos Villacorta (curadores de la muestra), quizá se hubiera convertido en el Premio Nacional de Cultura Popular. Porque el término popular, aquí, no se opone como correspondería al término élite, sino que se le subordina a la categoría misma de arte o de cultura. Lo que no es otra cosa que reestablecer las jerarquías contra las que luchaba tanto Arguedas: las élites hacen el verdadero arte, la verdadera cultura, los demás, hacen arte popular.

Pero hay una dicotomía más profunda que es sobre la que -creo- habría que profundizar si se quiere hablar de Arguedas hoy, y es la de convivencia pluricultural versus inclusión. Arguedas, como bien señalan los organizadores de la muestra, aspiraba a un Perú en el que la convivencia pluricultural sea posible, en la que cualquier hombre pueda vivir feliz todas las patrias. En cambio, en el nombre de Arguedas y de reivindicaciones indigenistas o "de lo popular", se aspira hoy, sin problematizar el concepto, a la inclusión. Sin detenerse a pensar que el proceso de inclusión necesita de al menos dos actores: uno activo, que incluye, y otro pasivo, que es incluido, a la vez que un sistema determinado en el cual incluir al actor pasivo. Las élites de las artes plásticas peruanas, así como el Estado centralizado, hispanoparlante y occidentalizado se arrogan el derecho de ser quien incluya a los "artífices populares", a los bárbaros, los peruanos que no pertenecen a ninguna élite, los de origen andino o amazónico, los que no tienen el español como lengua materna o Lima como residencia habitual, los que no siguen necesariamente los modelos occidentales, los populares, los otros.

Si queremos pensar con Arguedas, lo primero es reconocer el lugar desde el que hablamos. En una sociedad como la peruana, ¿queremos mantener las jerarquías, borrarlas, invertirlas? ¿Queremos modernizar al bárbaro? ¿Incluir al "artífice popular" en los espacios de los artistas plásticos de verdad? Creo que el centenario de Arguedas, y mucho más una exposición en su nombre, deberían obligarnos a la reflexión. Es tiempo de tomarnos las cosas un poco menos a la ligera.

Texto tomado de http://revoluciondiversa.blogspot.com/2011/02/arguedas-el-arte-y-el-arte-popular.html

POR: Jaime Vargas Luna (Junin, 1980). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y edición de libros en la Universidad Complutense de Madrid. Se ha desempeñado como editor de libros y columnista en el diario La Primera y la revista Oveja Negra. Actualmente sigue una maestria en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Wisconsin-Madison.

Puedes leer más de Arguedas en nuestro último número de la revista La Luna de Pierrot:


Amilcar Hijar Hidalgo
Jose Cornelio Bello

José María Arguedas

viernes, 5 de marzo de 2010

2 AÑOS, Y SIN RUMBO FIJO (ES LO MEJOR)

Hoy este blog cumple dos años. Se cumplen también dos meses de retraso desde que iniciamos el proceso de llevarlo a impreso. Todo falla, falla la memoria, falla la precisión, falla la lógica, la razón. No había caído en cuente de este segundo aniversario hasta que oía Isn´t it a pity deseando tener mi guitarra a mano. De pronto ello me llevo a alguna clase de libertad y entonces el blog entró en escena. No hay mucho que decir este año, lo hemos descuidado un tanto, quizá vengan tiempos mejores pronto, pero por ahora no, todos estamos sumergidos en trabajos, en rutinas, en razones, en un conjunto de hechos que sólo arroja una masa indiferente a todo, esa que desde un inicio nos dimos la tarea de abolir, al menos de nuestra vida. Nos está ganando, al menos estos meses nos los ha ganado ya. Sin embargo no se puede agachar la cabeza, uno no se vence, sigue el arte, sigue el blog, sigue el sueño y no la razón. Hoy mantengo la elegante esperanza que hace dos años vi nacer y que hace uno confirmé: el arte adelante, aún hay una luz que ilumina esta luna ¡que ilumina a estos Pierrots!

Feliz Aniversario número 2 LUNA DE PIERROT


Gustavo Lopez T.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Olympia de Ribeyro



Entré y ahí estaba ella. Antigua y radiante como una joya. Los años que había vivido en Francia no habían hecho mella en su belleza. De palabras duras, siempre fue la única que supo decir la verdad, aún más allá de su silencio petreo y musical que rodeaba la casa cuando no se jugaba una partida de ajedrez o se practicaba esgrima. Allí estaba, Olympia.

La esgrima. Esos cortes plateados del aire eran los pocos momentos en los que la fuerza de la voz de Olympia no se oía por la casa cubriéndolo todo con un canto persistente y, a veces, corrido y veloz como semicorcheas danzantes en un crescendo inmortal. Julio entonces era feliz. Olympia entonces era feliz.

domingo, 12 de abril de 2009

BOB DYLAN A TRAZOS

- III -



Quizá dignos de ser recuperados, algunos recuerdos, experiencias, sueños y sensaciones en formas de poemas, cuentos, ensayos, garabatos y dibujos se han esparcido, a lo largo de algunos años, en un cuaderno que hace poco he vuelto a hallar en medio del desorden de la vida y de mi dormitorio.

Sorprendido por una figura que no recordaba, me dispuse, apenas la ví, a ponerla en La Luna de Pierrot, pues a mi parecer merecía un lugar en el blog, sobre todo ahora que he tomado el espacio -siguiendo una línea distinta- como una forma más personalizada de mi relación con el arte.

Bob Dylan se muestra algo confuso, mejor dicho difuso, por el trazo que más arriba aparece, quizá porque lo hice a la velocidad de una breve inspiración, quizá porque su espíritu así lo amerita, quizá porque mi destreza al dibujar no es para nada buena. No tengo la certeza de ello, y tampoco de la fecha exacta de la cual debe datar el garabato-dibujo. Me atrevo a atribuirlo a fines del año 2007 o inicios del 2008, cuando descubrí casi toda su discografía ¡y cuando oí casi toda su discografía!

Sin embargo, he buscado algunos otros indicios que me indiquen la época del nacimiento de ese dibujo, mas no he podido guiarme de su ubicación en el cuaderno, pues a pesar de mi deseo de seguir las páginas en orden (como en un inicio, en el 2005, me lo planteé) con el tiempo fui volviendo a los espacios en blanco para rellenarlos, según la necesidad lo requería. Es inútil también descifrar su origen por lo que está escrito en las páginas anteriores y posteriores, son poemas y no tienen tampoco un aviso del tiempo exacto de su escritura. Tal vez un análisis posterior más detenido me diga exactamente el tiempo de su origen, pero ahora tan sólo he visto el dibujo musical y he dejado relegada mi literatura sin querer averiguar qué sentía cuando la escribí.

Lo único cierto es que Dylan pertenece a esa especie de seres intangibles e intocables que pueblan mi ¿mente, corazón, espíritu? y que contribuyen a alimentar mi ávida inquietud artística. Una guitarra, o un piano, dos manos, una voz ¿llega a serlo? no necesita nada más para estremecerte, no necesitas nada más para estremecerte.


Gustavo Lopez Tassara

jueves, 19 de marzo de 2009

EL ARTE, EL TIEMPO FÍSICO, LA ETERNIDAD INMENSA Y MUSICAL

- II -

El paso del tiempo suele deteriorar una superficie. La erosión hace declinar la fortaleza de una piedra. Sólo el aire, el aire solo. Una fuerza invisible y poderosa a la vez. El deterioro marca el tiempo. Los cuerpos se deterioran y mueren, como dignos súbditos del reino del tiempo. Un libro, una pintura, una partitura, un cassette, un LP, son materias que mueren. Pero la palabra, la imagen, la música, son materias intangibles, insensible a la muerte, inmortales. Son arte, y el arte es eterno. Está fuera del tiempo.

Hace poco alguien me preguntó ¿la eternidad es el tiempo? No, fue mi respuesta. El tiempo no es la eternidad, la eternidad se encuentra fuera del tiempo, dominándolo si se prefiere, viéndolo como un águila que surca todo el cielo puede ver muy abajo al pichón de una paloma, que no abre sus alas más allá del nido materno.

El arte es la eternidad, la no materia, lo intangible, lo invisible, lo infinito lo esencial, lo sensual. El soporte es lo material, lo temporal, lo tangible, lo lógico, lo vicioso, lo corporal.

La carne es temporal, y nos ha de quedar el alma, eterna.

El tiempo va matando de a pocos el soporte de nuestros seres, hábil espesor de células cambiantes cada día, bermeja masa traicionera. El cuerpo. Saber ver el alma en un cuerpo es sacarle el arte profundo a la verdadera existencia, saber apreciar lo eterno en el humano, lo Trascendente.

Corpóreas formas nacen y mueren cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, y de ellos, permanecen, ad eternum, las fuentes realmente vitales trascendentes que los han conducido por el tiempo, sin delimitarse dentro de este, y que finalmente llegan a los espacios donde no existe el finalmente, ni el inicialmente, sino que todo gira libremente sin ser temporalizado.

Nuestro cuerpo puede ser arte, pero un alma es en sí ya arte, y lo es más aún si sabe llevar a su cuerpo a esplendores eternos, liberados de tiempo y de materia.

El motivo que propinó este artículo fue la muerte de un pedazo de materia, de masa, de cuerpo. Una expiración física que me hizo dar cuenta de la eternidad que llevaba dentro. Un viejo cassette TDK, condensado de música que oí desde pequeño se desprendió de su función magnetofónica y sólo quedó en recuerdo. La razón fue doble: el atascamiento dentro de un compartimiento para su reproducción, es decir una cassettera, luego de lo cual una breve recuperación no fue lo suficiente par evitar la segunda razón, una caída de más de dos metros, fatal para la agonizante parcela de masa física y temporal, pero nada para la inconmensurable extensión de la música que predominó una primera etapa del tiempo de mi vida.

El cassette ahora reposa bajo la oscuridad de un cajón de caoba en algún rincón de mi cuarto, pero su música se esparció, y desde el día final (por ser temporal) del cassette, se abrió la dimensión atemporal, eterna e invisible del sonido.


***

He aquí algunas muestras del fin físico del viejo TDK.




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Gustavo Lopez Tassara

miércoles, 18 de marzo de 2009

LA CREATIVIDAD COMO NECESIDAD

- I -

En todo espacio artístico la creatividad nace ante un impulso primario que es el de una necesidad, siendo la motivación más fuerte el deseo-necesidad de la exteriorización de uno o un conjunto de sentimientos que se tiene respecto al entorno, a un suceso, una persona, una idea. Ahora, surge ante esto, la imaginación que revela otro impulso de necesidad. La imaginación es ya en sí, creación. Lo que la lleva a convertirse en el arte que luego es apreciada son los elementos artísticos que emplea para desarrollarse. Una pregunta que emerge es: ¿qué son esos elementos?, otras son ¿son pautas que se escogen y quién las escoge? Importantes interrogantes que requieres de una respuesta, pero ello se verá luego.

Es necesario ajustar la posibilidad de arte: para uno mismo en relación con el yo, o para otros, una colectividad o uno solo, en relación a mensajes establecidos y compartidos por conjunto.

En el primer caso, la posibilidad de arte es inmensa, infinita. (Como el mundo mismo que pretende el arte, y cualquier otra disciplina o aplicación de la capacidad del hombre.) Esto se debe a que para uno mismo, para aquel que se precie de hacer (el término “hacer” también se discutirá luego en relación al origen, intención y finalidad del arte. Intercambiándolo por otros infinitivos: crear, copiar, emular, imitar, etc., la gama es amplia y, en fin, discutible dentro de su entorno externo de relación con lo humano) arte, casi todo intento termina por reflejar lo que ha querido. Y en los repetidos casos en que los temperamentos artísticos destruyen una obra por no contener o formar lo que se deseaba, es decir por ser una frustración, se identifica ya en el sujeto cierta intención y una idea, por el momento tan sólo en su cabeza, de lo que anhelaba hacer. Por lo que, si luego de intentos fallidos, el artista logra componer aquello que deseaba, habrá hecho una muestra de arte. Sea musical, escrita, visual, plástica o de cualquier otra índole que el genio pueda sostener en su universo de imaginería interior.

El segundo caso es el que representa problemas. Ya desde la perspectiva de una estética, o de cualquiera, existe la posibilidad de la negación del arte. Lo que no ocurre en el caso anterior, donde lo que hay es una negación de la posibilidad de arte en el soporte, intento, o fin que se ha conseguido luego de uno o infinitos intentos. Ello deviene de la caracterización de un conjunto. La no individualidad. El individuo, al ser uno y solo, es total, absoluto. Creador, ordenador y destructor. Porque tiene el sentido, el significado en sí y para sí. El conjunto es caos. Fuera de todo lo anterior.

En este ámbito, entonces, se puede retomar las preguntas antes planteadas respecto a los elementos externos de la realización del arte, ya que se desarrollan al lado de la idea de un quién es el que esta fuera del artista. Pero él, o ellos, son un puente o un muro. Depende mucho del artista saber proporcionar a sus creaciones las partículas adecuadas que fundamenten su obra, las conexiones de la obra dentro de ella y hacia el exterior, las cuales están condicionadas por motivos que forman su mundo. Pero no él mundo. Así podría alejarse del Arte y llegar sólo a un arte reflejado por pocos motivos, delimitando la expresión. De manera que perdería toda conexión con el conjunto complejo que pretende. Sin embargo, como muro, esos mismos motivos condicionantes pueden ser derrumbados ¿de qué manera? realizando, internamente, un arte comprometido, sentido

Ante esas formas de vencer los obstáculos de la posibilidad del arte, hay un motor escondido: la motivación. Las motivaciones pueden surgir a partir de un encuentro directo con la realidad, o también permeabilizada por sensaciones que lleven a “presenciar” su contenido. Como ya se dijo, esa motivación desemboca en la necesidad –sólo en algunos– de transmutar formas y lograr el arte. La motivación será objeto de un segundo artículo.

Gustavo Lopez Tassara
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