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viernes, 20 de marzo de 2009

TDK

En tus cintas
reposan
siglos de luces en metáforas
de sonido.
En tus pliegues,
no queridos,
ah los pliegues,
los gritos caa-biz-baa-jos
del violín y el trombón,
acompasados a la muerte de su nido.
En tus rincones, cintos de luz
En tus esquinas, pequeños tornillos
que soportan el cielo
sin permiso.

La magnitud de tu osamenta
es la estentórea realidad
de un tiempo, del tiempo;
el tiempo se cuela
en tu osamenta y la destruye.
Eres bomba de tiempo,
camino andado,
paisaje imaginado,
nota fruncida
cuerpo bruñido.

No copias las frases.
Eres fiel al sonido.
¿Imaginas las frases que has dicho?
En mis sueños te he referido.
Pero solo te conozco ahora,
como plástico y ni siquiera vinilo
te recuerdo ahora
como, cientos de veces,
con la sensación de tener,
entre las manos,
un fin del mundo querido

jueves, 19 de marzo de 2009

EL ARTE, EL TIEMPO FÍSICO, LA ETERNIDAD INMENSA Y MUSICAL

- II -

El paso del tiempo suele deteriorar una superficie. La erosión hace declinar la fortaleza de una piedra. Sólo el aire, el aire solo. Una fuerza invisible y poderosa a la vez. El deterioro marca el tiempo. Los cuerpos se deterioran y mueren, como dignos súbditos del reino del tiempo. Un libro, una pintura, una partitura, un cassette, un LP, son materias que mueren. Pero la palabra, la imagen, la música, son materias intangibles, insensible a la muerte, inmortales. Son arte, y el arte es eterno. Está fuera del tiempo.

Hace poco alguien me preguntó ¿la eternidad es el tiempo? No, fue mi respuesta. El tiempo no es la eternidad, la eternidad se encuentra fuera del tiempo, dominándolo si se prefiere, viéndolo como un águila que surca todo el cielo puede ver muy abajo al pichón de una paloma, que no abre sus alas más allá del nido materno.

El arte es la eternidad, la no materia, lo intangible, lo invisible, lo infinito lo esencial, lo sensual. El soporte es lo material, lo temporal, lo tangible, lo lógico, lo vicioso, lo corporal.

La carne es temporal, y nos ha de quedar el alma, eterna.

El tiempo va matando de a pocos el soporte de nuestros seres, hábil espesor de células cambiantes cada día, bermeja masa traicionera. El cuerpo. Saber ver el alma en un cuerpo es sacarle el arte profundo a la verdadera existencia, saber apreciar lo eterno en el humano, lo Trascendente.

Corpóreas formas nacen y mueren cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, y de ellos, permanecen, ad eternum, las fuentes realmente vitales trascendentes que los han conducido por el tiempo, sin delimitarse dentro de este, y que finalmente llegan a los espacios donde no existe el finalmente, ni el inicialmente, sino que todo gira libremente sin ser temporalizado.

Nuestro cuerpo puede ser arte, pero un alma es en sí ya arte, y lo es más aún si sabe llevar a su cuerpo a esplendores eternos, liberados de tiempo y de materia.

El motivo que propinó este artículo fue la muerte de un pedazo de materia, de masa, de cuerpo. Una expiración física que me hizo dar cuenta de la eternidad que llevaba dentro. Un viejo cassette TDK, condensado de música que oí desde pequeño se desprendió de su función magnetofónica y sólo quedó en recuerdo. La razón fue doble: el atascamiento dentro de un compartimiento para su reproducción, es decir una cassettera, luego de lo cual una breve recuperación no fue lo suficiente par evitar la segunda razón, una caída de más de dos metros, fatal para la agonizante parcela de masa física y temporal, pero nada para la inconmensurable extensión de la música que predominó una primera etapa del tiempo de mi vida.

El cassette ahora reposa bajo la oscuridad de un cajón de caoba en algún rincón de mi cuarto, pero su música se esparció, y desde el día final (por ser temporal) del cassette, se abrió la dimensión atemporal, eterna e invisible del sonido.


***

He aquí algunas muestras del fin físico del viejo TDK.




***

Gustavo Lopez Tassara

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