jueves, 29 de mayo de 2008

CREACIONES VIII

La noche en que con un soplo abriste tres heridas

Recuerdo muy bien esa noche, estabas tan callada...
la espesa niebla no dejaba ver muy bien tu rostro,
pero estabas llorando lo sé...

Pensé que el momento nunca iba a llegar,
pero tarde o temprano, llegó.
Trataste de verte como si nada te importara,
pero hay sentimintos que son difíciles de ocultar,
aún cuando la niebla cubría tu rostro.

Dijiste adios, de una manera tan dulce, nunca antes oída de tí
que me hizo reconocer que era lo último que iba a escuchar...
soltaste tan rápido mis manos, propio de alguien que no quiere afrontar la realidad....
eso me hirió, no lo niego, me hirió.

En eso, una helada brisa congeló el momento,
pasamos de lo incómodo a lo agustiante, de un solo paso,
pero no era el momento, sólo un presagio de lo que ocurriría.

Dijiste: "pensé que ya era la hora"... pero no lo fue...
hubiese preferido que el adios, sea lo último en escuchar de ti, pero no fue así.
Pero la muerte, a veces se toma las cosas con calma,
aún cuando la muerte tenga rostro de mujer.

Ya no dijiste nada mas, yo tampoco...
sabes que en estas circunstancias, no soy de hablar mucho.
El corazón, que hace mucho no latía, lo hizo enfusivamente...
el cuerpo, por más muerto que esté, siempre te avisa el momento.

Respiraste profundamente, y con un soplo, abriste tres heridas en mi cuerpo...
una por cada una... eso fue lo que pense... pero por cada que, eso nunca lo supe.
y la sangre, subió rapidamente, hasta no subir más... y me fui...
el panorama era tan excitante para ti, no te conoceré.

Espero igual con ansias volverte a ver...
aún cuando la muerte me haya llevado lejos,
aún cuando la muerte seas tú.
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