miércoles, 20 de abril de 2011

LA LUNA DE PIERROT Nº2: "PERO EL ODIO SIGUE HIRVIENDO CON MÁS FUERZA EN NUESTROS PECHOS”: CRÍTICA IDEOLÓGICA Y RESENTIMIENTO EN AGUA DE JMA

Toda escritura es ideológica. Incluso aquellas que reclaman el esteticismo como bandera del acto de escribir. Terry Eagleton señala que la ideología no se remite a un conjunto de doctrinas sino que ésta “significa la manera en que los hombre viven en una sociedad de clases, los valores, ideas e imágenes que los atan a sus funciones sociales y que, de esta manera, los aleja de un verdadero conocimiento de la sociedad en su totalidad” (Eagleton 1976: 16-17)[1].

No obstante, Eagleton menciona que si bien el arte no puede reducirse a la ideología, no podemos dejar de pensar en el hecho de que existe una relación entre ambas toda vez que la materia misma del arte es la “ilusión”. Y hay que precisar que la ideología también existe como una “ilusión”, es decir como una distorsión de la realidad [2].

Con todo, tal reduccionismo nos pone frente a un dilema mayúsculo: ¿todo el arte no es más que la simple manifestación de la ideología dominante o es que acaso existen objetos artísticos que se alejan de ese imperativo? Una respuesta afirmativa al primer dilema nos pone frente a un ‘marxismo vulgar’, como señala el propio Eagleton, pues es evidente que hay proyectos estéticos que al mismo tiempo se enfrentan a los supuestos ideológicos de su momento. Desde esta perspectiva también se puede comentar la obra de José María Arguedas, el escritor peruano que mejor ha comprendido y representado a través de la ficción -mediada por su propia experiencia- la amplia problemática de los Andes y sus conflictos ante un poder monológico.

No se trata de aplicar un manual que encaje con las formas expresivas de la poética arguediana. Todo lo contrario. Examinando los modos de representación del espacio social, se observa en la escritura del primer Arguedas el propósito de poner en relieve la conflictividad que atraviesa a la sociedad andina. Constituida como un campo discursivo, la ideología dominante le otorga un lugar determinado e infranqueable a cada sujeto social, pero que a contracorriente de esa condición genera un malestar in crescendo, una emergente violencia que a fuerza de voluntad se reprime. En efecto, en Agua (1935) nos encontramos con una narrativa provocadora. Una permanente tensión habita a lo largo de los relatos como consecuencia de los antagonismos entre los mistis —los ‘principales’— y los comuneros indígenas.

El enfrentamiento por el uso del agua, recurso fundamental para la supervivencia en los Andes, es el hilo conductor de la historia liminar del libro; aunque alrededor de este conflicto inicial se aglomeran las múltiples contradicciones que organizan el espacio social representado, como el abuso de los principales, la explotación de la fuerza de trabajo indígena, la injusticia social, el latrocinio, la impunidad.

Por su parte, el término ‘principal’ no solo evoca una jerarquización social. Sugiere la fragilidad de una modernidad que se funda en la negación de la condición ciudadana de los comuneros. Esta condición negada les impide pertenecer al cuerpo nacional y contribuye decisivamente al abuso legitimado por un Estado que no aparece sino a través de sus signos más elocuentes. Así, por ejemplo, el narrador de “Agua” recuerda el alzamiento de los chaviñas contra el principal Don Pedro, y cómo luego vinieron los soldados y “abalearon a los comuneros y sus criaturas” (22). Y en “Los Escoleros”, se refiere: “[D]esde lejos vienen soldados para respeto de los principales. Allá, seguro, hay como un padre de todos los patrones y seguro es más grande; seguro tiene rabia y odio nomás en su cabeza, en su pecho, en su alma (…) ¡Malhaya vida!” (59).

Como se desprende de la cita, el mismo aparato legal de la nación fija su posición subalterna y justifica el latrocinio, hasta el punto de que hay un irremediable fatalismo en la manera en que los comuneros perciben y enuncian las contradicciones de su entorno: “¡Carago! ¡Mistis son como tigres!”, dice una voz; “¡Comuneros son para morir como perro!”, dice otra. Esta visión fatal de la existencia implica también una desolación metafísica que deriva en la pérdida total de fe hacia el Dios cristiano: “Mentira es: Taytacha Dios no hay” (35).

En ese sentido, Agua no solo agrupa un conjunto de relatos que señalan una modernidad fallida. También pueden leerse como una metáfora del resentimiento que se fragua silencio-samente en el corazón de los comuneros, de los Tinkis, de los mak’tas, de los escoleros. De ahí que un deseo constante sea enunciado como la única posibilidad de salvación: “Tayta: ¡que se mueran los principales de todas partes!” grita al final el narrador de “Agua”. Junto con ello, el odio desafiante se acrecienta, “sigue hirviendo” en los pechos de los indios, como señala Juancha, el mak’tillo wikullero, al final del cuento “Los Escoleros”.

La crítica ideológica de Arguedas es contundente: solo la fuerza organizada de los comuneros y el desafío abierto hacia los mistis podrán generar agencia y, con ello, un cambio radical en el orden social. Una propuesta contestataria, sin lugar a dudas. Quizá por ello el Estado (¿el Padre de los principales?) prefirió Machu Picchu, símbolo mudo de una peruanidad turística, a la figura de Arguedas, un escritor que provoca, que imagina un país distinto al que se quiere construir desde el monólogo político, como signo oficial del año 2011. Para concluir: toda lectura es política.

NOTAS
[1]. En ese sentido, Eagleton refiere que un texto como kWaste Land, de T. S. Elliot, resulta ideológico, pues “muestra a un hombre dando sentido a su experiencia en formas que prohíben un verdadero conocimiento de su sociedad, formas que son consecuentemente falsas” (17). Mi traducción en las referencias en inglés.
[2]. Así, por ejemplo, el enunciado “la comida peruana es la mejor del mundo” revela no solo una afirmación incontrastable con la realidad respecto a si efectivamente ‘es’ la mejor comida del mundo, sino que también manifiesta una declaración de dudoso nacionalismo. He ahí una distorsión que muchos peruanos asumen como un dato veraz de la realidad, cuando no es más que la ilusión ideológica de un discurso triunfalista que oculta y maquilla las contradicciones que atraviesa la sociedad peruana de hoy en día. Véase también: Eagleton 1997, 13-55.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
Arguedas, José María. Agua. Lima: Ediciones Nuevo Mundo, 1965.
Eagleton, Terry. Marxism and literary criticism. University of California Press, 1976.
---------. Ideología. Una introducción. España: Ediciones Paidós, 1997.

POR:
JOSÉ CORNELIO BELLO. Realiza estudios de doctorado en el Program of Spanish and Portuguese de Georgetown University, Washington DC.
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