sábado, 28 de marzo de 2009

UN COMENTARIO SOBRE EL TEATRO

Es sin duda la fusión entre lo caótico, lo lineal, lo abstracto y lo físico. Lo elemental y lo frívolo. Lo sagrado y lo transgresor, lo cóncavo y lo convexo. El alma y el cuerpo nunca antes entraron en mayor cópula que cuando se está sobre las tablas. Y es que es eso lo que nos da el teatro: arte, de uno y mil lenguajes.

Desde el año 1961, cada 27 de marzo se celebra, por iniciativa de la UNESCO, el día internacional del teatro. Iniciativa que nació en el ITI (Instituto Internacional del Teatro) con el fin de promover la paz y la inclusión entre naciones por medio de las artes escénicas.

Pero si bien es cierto, el teatro es más antiguo aún, nació desde que el hombre se empezó a llamar hombre, es decir, es parte de la naturaleza humana. Y es así como hemos sentido siempre esa afinidad por lo irreal, por la farsa, por el juego que este arte nos propone.

Ya los griegos lo supieron definir mejor: teatro, del vocablo theatron”, lugar donde contemplar; y es la contemplación, también el arte del espectador, del mirón que se emprende en el viaje que se le ofrece y que lo vuelve incapaz de impedirse a mirar; y es que también hay que saber mirar.

Sería difícil y tedioso de escribir todo un legado histórico de lo que fue el teatro, desde que nació, o sea, desde el nacimiento de la humanidad misma, y encaminarla hasta nuestros días. Y de aquellos grandes hombres y mujeres, creadores y ejecutores que en medio de la oscuridad crean de la nada, vida que se inmortaliza en las memorias ajenas.

Valdría, en todo caso, mencionar que es (desde mi punto de vista) la esencia que caracteriza el teatro, que también seria largo de escribir y aún peor describir en pocas palabras, aunque por la ocasión merece un esfuerzo.

Es sin duda el teatro, todo un universo imaginario, un mundo tan inmenso e inmerso, que podría caber en un grano de arroz; es la magia, la verdad, la palabra y la canción, es el movimiento y el aplauso, es la luz, la energía. Es la risa y el llanto, es la individualidad y la sinergia, bien sería volver a decir que es la fusión entre el cuerpo y el alma.

El teatro es la celebración de la vida, la voz del sufrimiento, la suspicacia en la frustración, el enojo del adolecido, pero también es el puño del oprimido. Todos sabemos de alguna forma, lo que es, fue y será el teatro en la vida del hombre; sabe mantener entre bambalinas los secretos mejor guardados, y claro, los sabe divulgar en sus escenarios, ese es el chiste del asunto, no callar; burlar, parodiar, imitar, pero no callar.

Celebremos pues todos los teatros. El teatro de todos los colores, de todas la formas, de todos los mundos, de todos los hombres. Celebremos entonces el teatro del absurdo, el de Aristóteles y el de Augusto, el burlesco y el poético. El teatro cruel, el existencialista, el sacro, el clásico y el moderno. Celebremos a la comedia viva, a la popular, a la callejera. Al teatro independiente y alternativo. Al teatro político, social, al didáctico y dialéctico . Al teatro mímico, al musical, a la danza teatro. Al infantil, al invisible, al de sombra, y al teatro negro. A todas esas formas: drama, tragedia y comedia.

Bien lo dijo el dramaturgo estadounidense Arthur Miller: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma.”

Jean Carlo Osambela Gonzales
"LeGión"
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