domingo, 16 de agosto de 2009

Woodstock, 40 años


Hace 40 años, el espíritu contracultural de los 60-70, y sus hippies, llegó a un punto culminante cuando alrededor de un millón de personas se reunieron para celebrar un fin de semana extático, combatiendo así, lo estático del gobierno de Estados Unidos ante la negativa de la población a seguir participando de la guerra de Vietnam.

El sentir de ese grupo se manifestó en los riff´s y solos con los que los virtuosos artistas desmenuzaban sus manos, muchas veces -casi en todos- después de haber ingerido la suficiente cantidad de alcohol o de otras sustancias infinitamente más estimulantes y destructivas.


Lo mejor de Woodstock nos ha quedado para la posteridad, pero ha sido un hecho irónico el que el suceso de la música popular más grande de la historia, con su libertad y su forma de pensar opuesta a un sistema donde el dinero es el dios creador y ordenador, haya sido sistematizada y vendida a través de todas estas décadas. Es casi irrisorio que para disfrutar de las interpretaciones de artistas que deseabana una total libertad como Baez, Joplin, Cocker, Winter, Nash, Crosby, Stills, Young, Hendrix, Ravi Shankar, Arlo Guthrie, Santana Canned Heat, CC Revival, The Who, Jefferson Airplane, The Band, Butterfield Blues Band, Incredible String Band, entre otros, durante años los melómanos hayan tenido que pagar.


En épocas del Creative Commons, tal vez es hora de que ya cambie esta situación.

El ideal que persiguieron los músicos de Woodstock fue expresado como nunca a través de guitarras. Este es el símbolo del folk, blues, rock y géneros afines y heredados que dominaron desde las 5 de la tarde del viernes 15 de agosto hasta la mañana del 18 de agosto (debió terminar el 17, pero hubo retrasos que postergaron el fin de esta fiesta-reclamo)

Hendrix y su versión del himno nacional de su país demostraron que se trataba de una posición ante la vida. A los músicos y hippies que asistían a la movida pacifista contra Vietnam los tildaban en Estados Unidos de antipatriotas, pero lo único que querían demostrar era la fascinación que sentían por la vida y la repugnancia que les causaban los militares que embebidos en sus trajes y botas no hacían nada más que mandar a matar para demostrar su poderío y seguir su intento de dominación política-económica.

Grandes fueron los exponentes del festival, y también los ausentes. No estuvieron Led Zeppelin, The Beatles, Dylan. Fueron diversos los motivos. Pero más allá de quienes lograron presentarse y quienes no, Woodstock demuestra un espíritu unido por la música con sus causas sociales presentes para no dejarse enajenar por ningún poderío militar. Un poderío militar que de seguro no contaba con que las vibraciones de una guitarra rechinando en un distorsion, junto al retumbar de una batería y el golpear de un bajo permanecerían más, y con mejores resultados que sus tanques y artillería pesada, en los recuerdos de millones de personas alrededor del mundo.

De todos ellos, muchos se hicieron más grandes, algunos otros cayeron en el camino de las drogas, algunos no resurgieron de entre las cenizas. Lo que queda es la memorable alegría de recordar y sentir el poder que tiene la música, y esa época en la que todos podían decir con mayor autonomía en contra de qué estaban dispuestos a luchar.


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Gustavo Lopez Tassara
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