viernes, 6 de marzo de 2009

Un année sans lumiere

Arte, durante un año. Sonidos, imágenes, palabras, impresiones, sensaciones, percepciones. Pura luz para un universo que antes estuvo en la completa oscuridad. Todo inició hace un año, el 5 de marzo del 2008, cuando Pierrot empezó a ver la Luna. En ese día le quitó la luz al resto de seres. Se despojó de Columbina y sólo tuvo a la luna compañera.

Desde entonces, Wilhelm, Legión y Ruidos hemos sido la sombra lunática de ese Pierrot Lunaire. Con cualquier expresión artística hemos vivido un año en el que nuestras emociones y gustos han guiado los textos, imágenes, y recientemente sonidos, que han cubierto el espacio de este blog. Desde un primer acercamiento a lo que sería, y será, este sitio, hasta los poemas que en forma de creaciones llegaron a todos los lectores, pasando por miradas al cine, a la literatura, la pintura, la danza, la música, los redactores creemos que hemos cumplido nuestro propósito expresado hace ya un año. A saber, el que yo esbocé fue el de “establecer un espacio sobre arte, y nada más que de arte, en su relación con cualquiera de nosotros. Así, enamorados de la Luna, enamorados del Arte”. Simples palabras que delinearon mi pensamiento, pero que sé que se aproximan mucho también a lo que Pierrot Legión y Pierrot Ruidos quisieron hacer.

Hemos rendido tributo a diferentes personajes a lo largo de estos 12 meses. Personalmente me precio de haber dado el lugar merecido a Edgar Allan Poe. Sin embargo quien inicio la senda del romántico americano en La Luna de Pierrot fue Legión. Él publicó Annabel Lee, del genial Poe, y desde entonces yo pude escribir artículos sobre él, un relato tributo y una rara pleitesía por la fecha de su onomástico. Más adelante llegará más de él, y de muchos otros más. Mencionar a todos aquellos a quienes hemos tratado aquí sería tedioso, baste revisar el listado de etiquetas al lado derecho de este artículo para saber quienes formaron parte de nuestro imaginario durante el año que pasó.

Y del mismo modo que hay una lista de quienes están dentro del blog, hay una lista de los que están fuera, pero que guardan alguna relación con nosotros. Los enlaces a otros sitios, ya sea de amigos, de desconocidos, u otros espacios de nosotros mismos, son también esenciales para continuar creando, observando, pensando.

Las diferencias de gustos da como resultado la variedad de expresiones que se pueden percibir. Tres cabezas, tres corazones, tres almas, tres sensibilidades. Tres universos infinitos que comparten algunas cosas, pero no todas. Escribir sobre las variedades es enriquecedor en tanto que nos hace darnos cuenta de que este espacio no se encuentra en una sola línea, sino que se bifurca, como el jardín de los senderos de Borges, y de la misma manera, este es siempre misterioso, incluso cuando tenemos a nuestra musa presente, destinataria de nuestra producción.

Las excentricidades de cada uno han aportado a lo que es hoy el espacio en fondo negro, que a manera de telón da luego pase a las letras de color blanco que inundan la pantalla para, más que deleitar al lector, deleitar al escritor. El mayor placer de este blog es ser un espacio donde podemos abrir nuestra mente. Hacer uso de lo aprendido en la vida, en cada instante y poder comunicar, de diferentes formas, lo que es nuestro ambiente, nuestro proceso vital, nuestra línea de existencia. Indiferencia, emoción, enojo, alegría, decepción, amargura, pena, admiración, todo eso y mucho más ha sido volcado con total devoción por la sinceridad. Decir lo que pensamos y sentimos, es lo que hace un verano atrás nos movió en una reunión típica en la casa de un Pierrot, a emprender la tarea de escribir nuestros primeros artículos -los tres primeros que originan este blog- para luego dar pase a un lugar ilimitado, donde poder explayar lo que nos une junto a la amistad: el arte.

Y el símbolo escogido, una Luna, pero no cualquiera sino la Luna de Pierrot. Lo que por extensión nos da como mayor símbolo al mismo Pierrot, pero no el triste que todos conocen, desdichado por los fracasos y decepciones terrenales, sino aquel Pierrot que inspirado sólo observa la Luna, la que de verdad puede hacer que en él nazca la felicidad, esa que el amor terrenal impidió surgir. Por ello la luna, por ser el símbolo perfecto del arte, esa manifestación extraterrenal que puede lograr que se borre cualquier negación de vida. Piensen sino en la melodía, en el cuadro, en el fotograma, en el verso, en el párrafo, en el compás, en el movimiento, en el fragmento que más los haya emocionado, que los haya elevado al cielo, que los haya hecho llorar de felicidad, llorar de tener la certeza de que por breves segundos uno forma parte de la inmortalidad, de la eternidad, de que es intangible como el Principito, y que es esencial, de que sólo unos cuantos más nos pueden ver. Esa certeza es la más dulce de todas.

Quizá por lo dicho nuestro Pierrot no sea el más difundido, quizá sea otro, quizá sea el de Godard, quizá sea un Pierrot tonto, pero es un Pierrot que es feliz.

Por ahora todos los lunáticos pierrotianos, Legión, Ruidos y Wilhelm, somos una hermandad a veces visible, a veces oculta en el otro lado de la luna, pero sólo contamos con una visión: la de seguir haciendo arte y hablando de arte mucho tiempo más, desde este espacio y desde los otros en los cuales brilla la luz que rebota desde el satélite terrestre.

Nuestra soledad se alegra con esa elegante esperanza.



Gustavo Lopez Tassara (Wilhelm)
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