jueves, 6 de agosto de 2009

Veintidós...

Escuchando música de mis bandas favoritas, es así como termino el día de hoy. Un día que a pesar de no ser tan especial, lo llegó a ser en algunos segundos. Es como la vida, puede resultarnos larga, a veces, pero siempre hay esos segundos inolvidables que recuerdas siempre.


Un cumpleaños puede ser especial para mucha gente, para mí es un día de reflexión, y reflexionar es entrar en un túnel nostálgico, donde los recuerdos te reprochan cosas que en algún momento hiciste, o peor aún no hiciste jamás, y allí es donde viene el reproche.


Este es mi artículo veintidós en la Luna de Pierrot, y quise precisamente que este sea así, en este día, coincidiendo la edad que cumplo hoy, con mi miserable repertorio de escritos en este blog. Y es que, si de miserias se trata, suelo ser bueno para recordar todas las que tengo, y aún peor, para inventarme las míseras que no tengo.


Es que parece mentira, pero es muy cierto eso que se dicen que la juventud se lleva en el espíritu, y es que cuando uno no se siente joven, no se siente joven, y es así, por eso lo aclaro dos veces. La vejez también se lleva en el espíritu, es difícil creerlo, sin embargo es más difícil hacerlo creer a los demás. Pero es así, uno se siente viejo, y punto.


Cuando sientes que la vida pasa delante de uno, sin darse cuenta hacia donde va, cuando sientes que los años pasan y no tienes nada aún realizado, y cuando sientes que aún queda muchísimo por hacer, da una flojera tremenda el simple hecho de pensar toda la faena que aguarda.


Extraño esos días donde podía quedarme a dormir todo el día en mi cama, y al levantarme podía descargar y escuchar toda la música del mundo que conocía y oírla tantas veces quisiese; pero los veintidós demonios dentro te dicen que ya no es tiempo de quedarte desplomado sin hacer nada por uno mismo.


Los retos hay que asumirlos, eso en teoría lo tengo muy claro, ahora la práctica es otra cosa. Todo lo que uno espera de la vida es hacer lo que uno le plazca para ser feliz, y ya el hecho de hacer entender esoa los demás, es una labor ardua. ¿Es que acaso todos nacimos para ser luchadores, para ser vencedores? ¿No hay nadie acaso que hizo lo que quiso y le fue bien, logró lo que el soñó?


Yo recuerdo pensar siempre que el sufrimiento llevaba al triunfo, pero a veces ya no hay tanto lomo para curtir, y es que hay quienes nacen fuertes y pueden ser competitivos y hay quienes simplemente no lo son, y a ese grupo me creo pertenecer. No es que no me guste padecer para lograr cosas, pero es que pienso que lo que ya padezco puede ser suficiente para nunca encontrar los logros que se quieren.


Veintidós, un número que la verdad, no me llama a la inspiración para nada, es un número tan aburrido, tan poco místico, tan simple, no son 20, ni 21, ni 24, ni 25, son 22. Es tan absurdo a veces pensar todo esto, pero creo que con lo escrito en los anteriores párrafos puede ser fácil entender.

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