lunes, 28 de junio de 2010

LA RAZÓN Y EL ABSURDO - LA LUNA DE PIERROT Nº0

Leo Eureka, de Edgar A. Poe, y encuentro el siguiente pasaje: “En la construcción de una trama, por ejemplo, en la literatura de ficción, deberíamos disponer los incidentes de modo que no pudiéramos determinar, con respecto a cualquiera de ellos, si depende de otro o si lo sustenta”. De inmediato pienso en Julio Cortázar y en Rayuela. Ahora, este pensamiento corre por la siguiente línea: Poe–traducción–castellano–Cortázar; lo cual me lleva a una doble idea: Cortázar-admiración-Poe, y/o Poe-influencia-Cortázar (es bastante clara la admiración del argentino por el estadounidense, a quien tradujo al castellano).

La cita mencionada está inmersa en Eureka, un texto incomprendido, en tanto para muchos es incomprensible desde el punto de vista del mundo físico, material (uno de los aspectos que el libro pretende resolver para la humanidad), cuando no lo es tanto como obra “poética”, siguiendo la intensión que Poe señala. En Eureka la razón es la guía de los postulados del escritor. (Poe trabajó con la razón: buen ejemplo son sus cuentos de detectives o su ensayo El jugador de ajedrez de Maelzel). Sin embargo, el pasaje citado desencaja toda esa estructura para pintar de plano una salida, una superación.

He mencionado la influencia de Poe. Poe fue un renovador. Le dio cuerpo al relato corto tal como lo conocemos ahora, el cuento. A Poe, los cuentistas de hoy le deben mucho. Cortázar le siguió los pasos, pero no de manera formal, sino en intensión y dimensión. Fue otro renovador. Cambió las reglas del juego, y por ello está en la línea iniciada por el bostoniano: dar nueva forma; pero, además, hubo un elemento nuevo: al relato corto (a su obra en general) el argentino le agregó el absurdo.

El absurdo no es lo contrario a la razón. El absurdo es la salida a la razón, su superación. Cortázar quiere esa superación. Oponerla es colocarse a su mismo nivel, superarla es reconocer que la razón no es el conducto final del hombre. El absurdo de Cortázar desea suprimir la visión encapsulada y miope (la misma superación que identificamos en la cita de Poe).

Ese absurdo es una irracionalidad alcanzada no por falta de razón, sino porque justamente la rebalsa. Poe vislumbra ello, sabe cuál es esa superioridad y concluye el pasaje: “En este sentido la perfección de la trama es en realidad, o en la práctica, inalcanzable, pero sólo porque la que construye es una inteligencia finita” (racional).

La inteligencia finita -que muy bien señala y delimita Poe- es el barril donde caen todos los razonamientos repetitivos de la historia. El absurdo, la superación, el desenlace abierto, el desencadenamiento de situaciones sin orden en un relato, el no saber si “sustenta” o “depende” de otra es, por fin, desconmesurar los límites. Querer vencer la “inteligencia finita” es querer la superación del estancamiento existencial. La razón se encuentra bien donde está, pero jamás llegará a resolver lo que ciertos absurdos pueden alcanzar.

Gustavo Lopez T.

http://issuu.com/lalunadepierrot/docs/lp0
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