lunes, 17 de noviembre de 2014

Primeros sabores de libertad: Anopopei, Serge Moscovici est mort, San Marcos.

Los desnudos y los muertos, de Normal Mailer / Serge Moscovici
No llevo más de una semana de libertad, pero se siente como si el peso de los potros de bárbaros Atilas no existiese más sobre mi espalda, sobre mi cabeza, sobre mis manos. La libertad es estar despejado al fin de haber empeñado a conciencia por un año mi cerebro, mis noches en un máster -una decisión balanceada, a decir verdad: valiente y estoica, pero responsable-. 

Han pasado solo 5 días desde que concluí una larga cadena de esfuerzos que terminaron en un remolino de largas, larguísimas coordinaciones internacionales para acordar horarios de encuentros, avances y aportes con el grupo con el que me tocó trabajar al final. (Como alguien debe haber comprobado ya científicamente, volví a vivir aquello de que no todos trabajan igual. Pero es algo con lo que se tiene que lidiar).

Anopopei

Y sin embargo, ya desde unos días antes de ese final esperado, me había hecho a la mar con un sabor de antaño, navegando páginas que ahora corren seguramente a 80 nudos por hora, alrededor de la isla de Anopopei.

Anopopei es una pequeña isla en el Pacífico sur. Y es pequeña porque jamás ha sido más grande que un mapa. Es un pedazo de tierra ficcional en el mar de realidad que Norman Mailer vivió en la II Guerra Mundial y a partir de la cual escribió su primigenia, monumental, cruda y veloz Los desnudos y los muertos.

Desde las primeras páginas, un desembarco ofrece un olor cercano al combate en las ansias de algún veterano sargento que no quiere sentirse perdido en la quietud previa a la acción, Pero ese combate todavía no llega. Una presentación muy inteligente de las relaciones de los miembros del ejército yankee, de sus aspiraciones, sus miedos, sus preocupaciones de lo que han dejado en casa muestran efectiva y maquinalmente el peso destructor de la guerra. Claro que la guerra cruda llega pronto, y es el otro lado de la pobredumbre, del miedo, la confusión y la barbarie. Pero recién van 150 páginas, apenas un cuarto del libro. A esperar qué viene después.

Serge Moscovici est mort. No en San Marcos

Estos breves días me han servido también para estar más alerta y enterarme que el último domingo, 16 de noviembre, Serge Moscovici ha muerto. Serge Moscovici fue un psicólogo social francés -aunque de origen rumano-, a quien conocí como padre de las teorías de representación social (RS) cuando elaboraba mi tesis sobre representaciones sociales de la cultura amazónica en la prensa dominical de Lima, a partir del contexto de conflictividad social que estalló en 2009, en el Baguazo.

Cuando leí el titular de la noticia "Serge Moscovici, figure de la psychologie sociale, est mort" (no sé hablar francés, pero esto es bastante entendible) de Le Monde en Facebook, dos cosas vinieron a mi cabeza: 1) Recordé que este jueves he sido invitado a presentar una breve ponencia sobre mi tesis en la Facultad de Letras de San Marcos; 2) Me pregunté si algún diario mencionaría, aunque sea por error o casualidad la muerte de Moscovici. 

Fue una pregunta muy breve y creo que algo tonta, pues casi de inmediato supe cuál sería la respuesta. Y hoy lo confirmé: después de revisar cerca de 9 diarios, no encontré ni pizca de mención sobre el asunto.

En fin, me toca hablar nuevamente de mi investigación y, aunque ningún diario haya hecho referencia, el nombre de Serge Moscovici estará vivo este jueves, por la noche, en algún rincón de San Marcos.

***
Estos son los primeros visos de libertad. Espero que continúen en esta misma senda.


Gustavo Lopez T.
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