martes, 31 de enero de 2012

Leonard Cohen, Old Ideas.

Old Ideas, en Amazon.com
Me preparo para iniciar la tarea en la que he pensado durante los últimos días, aunque sin obsesión. Hoy es la presentación oficial del último disco de Leonard Cohen, Old Ideas, "el más abiertamente espiritual", y la idea presente era dedicarle un post. Todo estaba listo, información reciente sobre su vida, su disco, un recuento de lo hecho desde Songs of Leonard Cohen, declaraciones y entrevistas, todo el insumo necesario para un texto sustancioso en datos. Mala idea.

Me preparo para iniciar la tarea en la que he pensado durante los últimos días, aunque sin obsesión. La preparación consiste en instalar los audífonos inalámbricos en la computadora y buscar en la Biblioteca de Música (momento en el que me doy cuenta que la “Biblioteca” debería estar llena de libros y no de música) de Windows Media la discografía completa de Cohen. Encontrarla y decidir con qué canción iniciar. Llegado a este punto la final la disputan tres o cuatro canciones. “Dance me to the end of love” es la segunda, pero al oírla después de ¿una, dos, tres semanas? reconozco que debió ser la primera. “The future”, de cualquier forma, ha sido un buen inicio, aunque lo mejor ha quedado en el segundo lugar.

Me preparaba para iniciar la tarea en mención, pero sé que toda la información preparada no es necesaria. No es necesaria ni útil, como no lo es el haber pensado en tratar de encontrar el lenguaje adecuado para atar el sonido a descripciones más o menos precisas. Traté de analizar una canción del nuevo disco, “Show me the place”, pero la imposibilidad se abalanzó sobre el intento. Sólo pude pensar en un Cohen viejo, “desnudo y sucio”, cantando para un auditorio vacío o quizá para una mujer en especial, una mujer que no es tal, sino él mismo revestido y cansado del tiempo. Esa canción suena mucho a “Tower of song” y no se puede dividir de la introducción que prepara el casi octogenario artista, cuando, al hacer referencia a un amigo mucho más viejo que él, este le pide perdón por no estar muerto aún. Quizá vendría bien pedir perdón por no estar vivo, por no poder hablar con la sincera dureza, con la clara oscuridad, con la que canta Leonard Cohen


Y llegado a este punto, ya cambiado el rumbo inicial, y sin camino de vuelta, no viene mal la interrogante de si canta o no. No una, sino muchas veces, me he preguntado qué pasaría si Cohen no hubiera tenido esas sendas voces celestialmente femeninas en los coros ¿habría sido el mismo, él mismo? Esas voces son su complemento. Más de una vez me encontré traicionando la idea de pensar en él como un gran cantante. Lo cierto es que no lo es y no ha necesitado serlo. Es un gran músico, pero sobre todo un gran elaborador. Si es muy difícil poder describir con palabras lo que es en verdad la música, no lo es tanto poder hacerlo casi en reversa, o al menos no lo ha sido para él: unir palabra y música para condensar un recuerdo, un presentimiento, una mentira o una verdad, lo que fuera que tuviese que ser condensado y comunicado con arte y precisión, él lo ha hecho.


                                            "Show me the place", primer sencillo de Old Ideas.


Por favor, sírvase pasar por aquí




Por: G. Lopez Tassara.


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