lunes, 18 de octubre de 2010

Oscura habitación


En eso sentí concientemente que la habitación quedó oscura por completo,
Que no veía nada más que esas formas coloridas que crea mi mente al cerrar los ojos.
La intensidad de la oscuridad era tan cruda que sentía esa sensación, una angustia única,
No veía nada, mas aún mis otros sentidos disfrutaban la incertidumbre.

El corazón latía tan fuerte que creo que la sangre se dispararía por mis poros,
En cuanto comencé a avanzar hacia lo que creía que sería la puerta,
Una ligera brisa insípida cruzaba delante de mí,
Táctilmente supuse que no me haría daño.

Crucé la brisa, y ni bien lo hice, el abdomen se me contrajo y se me curvó la espalda,
Y comencé como a levitar, la brisa paro y con ello caí bruscamente al piso.
El piso era tan suave como algodón, y tan dulce como azúcar.
Comí el piso hasta hacer un agujero hondo, en donde seguí cayendo.

Ese hoyo tenía un olor particular como a tierra húmeda,
Mezclado con olor a madera corroída por los años.
Trepe el hoyo hasta llegar a la superficie mientras tanto se oía un ruido de algún animal
Pequeño muy pequeño, lo presentía.

De pronto el olor dejó de ser, el ruido dejó de ser,
La dulzura dejo dejó de ser, y el ruido dejó de ser,
La oscuridad se empezó a iluminar en cuanto abrí los ojos
Y mientras miraba, la puerta de la oscura habitación se abrió.
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